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Crítica de «La camarera Lynn» (***): Más excitante debajo de la cama

Crítica de «La camarera Lynn» (***): Más excitante debajo de la cama

La mirada de la película hacia la protagonista es entrañable, indefensa y tiene equilibrio entre el contacto telefónico con su madre y el contacto sexual con el anodino gerente del hotel

D�a 25/09/2015 - 17.46h

Lynn Zapatek es una joven silenciosa, rara como un escocés manirroto, carne de psiquiatra y que trabaja limpiando habitaciones en un hotel. La mirada de la película hacia ella nos ofrece su mejor versión: es entrañable, indefensa y se esfuerza en mantener cierto equilibrio mediante el contacto telefónico con su madre y el contacto sexual con el anodino gerente del hotel. El filo de esta historia, sin más, consiste en que Lynn intenta encontrar el oremus perdido y se esconde bajo las camas de los clientes a espiar, o a sentir, o experimentar sensaciones que no están nada claras pero que vierten un elemento sórdido y tóxico en la vida de ritual absurdo de Lynn. La actriz, Vicky Krieps, tiene la traza y el físico adecuado para dar al tiempo ternura y kilo y medio de recelo. Y con todo esto, Ingo Haeb, que firma la película, podría haber pisado los terrenos de Polansky o de Kubrick, pero se lleva el cuento a una vulgar relación entre fraternal y sadomasoquista con un personaje como salido de una de John Waters. Está rodada con intención y pulcritud, y procura una cierta sensación de mecha encendida.

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