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Crítica de «Marte» (****): Las horas marcianas de un principito

Crítica de «Marte» (****): Las horas marcianas de un principito

Ridley Scott consigue en este alarde cinematográfico conjugar varios verbos a la vez: entretener, fantasear, emocionar, instruir y esperanzar

Día 16/10/2015 - 08.47h

Ridley Scott tiene algunas obras maestras más de las que el mundo (del cine) está dispuesto a reconocerle; pero el par que nadie tiene el valor de negarle son «Alien» y «Blade Runner», dos títulos que le han dado soporte ético y estético a la ciencia ficción de los últimos cuarenta años. Y «Marte», en su modestia, también aspira a ser pionera de algo. Scott consigue en este alarde cinematográfico conjugar varios verbos a la vez: entretener, fantasear, emocionar, instruir y esperanzar.

Cuenta una historia de supervivencia extrema, la de un hombre «olvidado» en Marte durante una misión científica en ese planeta, y está narrada por Scott no tanto en clave de épica como de dietario, un ir contando los días al estilo de un náufrago, de un principito. Sumamente entretenida e instructiva porque se vive junto al personaje, experto en mecánica y botánica, y asistimos y comprendemos los prodigios de respirar sin aire, beber sin agua y cultivar sin nada.

Un prodigio de fantasía y emoción, porque el astronauta Mark Watney, un Matt Damon sencillamente imbatible y con un control absoluto del pequeño hueco que deja lo trágico para colar lo cómico, transmite optimismo, esperanza y hasta fe en las patatas y en la ciencia (la teología se queda para Nolan o para «Marte 2»).

Una fantasía visual, además, en el paisaje desolado, sin nadie, pues no hay marcianos en Marte (sólo hay marcianos merodeando por aquí y al acecho de los terrícolas), y en esa nave tan de 2001, algo demodé, como la música setentera que escucha la comandante Melissa Lewis (Chastain en un personaje como de un western río de Howard Hawkes) y como ese espíritu solidario y moral también muy a lo Hawks. El contraplano es la Tierra, que curiosamente es lo que sobra; al menos, en la película, pues aporta poco más allá del cliché.

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