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Crítica de «El marido de mi hermana» (*): El naufragio previsto

Crítica de «El marido de mi hermana» (*): El naufragio previsto

La verdadera pregunta que uno ha de hacerse es cómo gente como Pierce Brosnan, Salma Hayek o Jessica Alba han entrado en este juego de despropósitos con un director del que no se puede augurar nada bueno

D�a 23/10/2015 - 08.41h

Hay tipos a los que hay que mirarles la matrícula antes de escudriñar (siquiera mirar de reojo) sus nuevos trabajos. Tom Vaughan es uno de ellos. Observen su curriculum y sospechen: «Algo pasa en Las Vegas», «Peligrosamente infiltrada», «Medidas extraordinarias» o «Un chico listo». Sí, uno de esos que hace soltar una risotada, solo una, en 90 minutos y se esfuerza duramente en seguir por el camino extraviado.

Pero la interrogante no es por qué se ha hecho esta película (no es por su guión, pobrísimo; ni por su gracia, nula; ni tampoco por su dirección, errática). La verdadera pregunta que uno ha de hacerse es cómo gente como Pierce Brosnan, Salma Hayek o Jessica Alba, actores contrastados, han entrado en este juego de despropósitos con un director del que no se puede augurar nada bueno. Y hay otra interrogante aún mayor: ¿Cómo es posible que con lo mal que lo ha hecho Vaughan hasta ahora sea capaz de empeorar su ranking con un filme como este? Todo es previsible, sin hilazón en las distintas fases de la narración y, sobre todo, produce mucho agobio ver a un actor como Brosnan intentar nadar frente a un mar de negación embravecido que amenaza con engullirle a él y a sus colegas.

Los emparejamientos son desastrosos, las situaciones trilladas y exprimidas como un limón en mil ocasiones anteriores. Uno sale de la proyección con el alma encogida porque a Brosnan siempre se le ha querido como si fuera de la casa. Verle sufrir así produce una pena que pide ira y fuego.

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