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Crítica de «Hotel Transilvania 2» (***): Mis muy queridos monstruos

Aquí, y es la delicia tanto de enanos como de mayores, todo sucede a mil por hora, a tal velocidad que has de tener cien ojos para disfrutar de cada detalle de lo disparatado (y jugoso) de cada dibujo

D�a 23/10/2015 - 08.40h

Dirección: Genndy Tartakovsky. Animación.

Se le supone a Adam Sandler una gracia que, al menos en Europa, se le ve en su casa y a la hora de comer porque su humor tiene poco de ingenioso y sí de basto y a veces hasta grosero. Lo que sí se le constata es una espontaneidad y naturalidad que a veces hace sonreír. Viene a cuento porque es el alma de este «Hotel Transilvania 2» pues es su productor y guionista, aunque el filme lo firme Genndy Tartakovsky, que ya se hizo cargo de la primera película.

Curiosamente, y sucede algunas veces, las secuelas tienden a perder la originalidad y la chispa inicial pero también, en contadas ocasiones, adquieren una madurez (propiciado también por disponer de más medios y por lo tanto recursos) que compensa la falta de frescura.

Es el caso, a la originalidad de la propuesta (un Drácula hermanado con los humanos y con una toque de bondad realmente entrañable) se ha unido una mayor profundidad en el entramado: relaciones familiares, bonhomía de todo con todos, un abuelo conseguido hasta límites infernales y la ya flamante galería de monstruos que es el globo fuerte de una producción que no desmerece de la primera entrega.

Aquí, y es la delicia tanto de enanos como de mayores, todo sucede a mil por hora, a tal velocidad que has de tener cien ojos para disfrutar de cada detalle de lo disparatado (y jugoso) de cada dibujo. Todo es tan veloz que hasta cuando se percibe la brocha gorda de Sandler en el proyecto (toscos gags) estos pasan a la velocidad de la luz y se evaporan con igual rapidez.

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