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Crítica de «Little boy» (**): La fe mueve montañas, pero no las cambia

Crítica de «Little boy» (**): La fe mueve montañas, pero no las cambia

En la cinta, ambientada en un pueblo de EE.UU. durante la Segunda Guerra Mundial, ocurren desgracias, vistas desde la pequeña estatura de un niño de ocho años

D�a 30/10/2015 - 08.45h

Como trágico prólogo a esta crítica (o epílogo de la película), el lector quizá quiera saber que el padre y el hermano de Alejandro Monteverde fueron secuestrados y asesinados en México, hace poco más de un mes. La famila había pagado el rescate. En la cinta, ambientada en un pueblo no demasiado sofisticado de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, también ocurren desgracias, vistas desde la pequeña estatura de un niño de ocho años. «Little boy» comparte además con Messi y Oskar, el protagonista de «El tambor de hojalata», una extraña resistencia a crecer.

Lo que nos cuenta Monteverde es una historia de fe, semillas y montañas, adornada por un elenco pintón y una factura notable. Son tantos los elementos para emocionar que su amontonamiento resulta contraproducente. Se solapan unos a otros. El director, sin duda con buena intención, llega a presionar en alguna escena las glándulas lacrimales del público, acorralado entre dos opciones: llorar como terapia o sentirse manipulado. Es una lástima este exceso de celo en alcanzar el principal logro de una película: emocionar, hacer reír, llorar o sentir miedo.

«Little Boy» -no por casualidad el nombre con que se conoce también la bomba que cayó sobre Hiroshima- ofrece hermosas enseñanzas y aboga por combatir la maldad con la tolerancia. El personaje de Hashimoto (Cary-Hiroyuki Tagawa) era perfecto para ilustrar con más sutileza el daño que producen la ignorancia y el aborregamiento. El espectador sagaz sabrá quedarse con esto.

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