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Crítica de «La calle de la amargura» (****): El grande, infeliz y maldito cine de Ripstein

Crítica de «La calle de la amargura» (****): El grande, infeliz y maldito cine de Ripstein

Ripstein, buñueliano confeso y mártir, capta toda la inmundicia del ambiente y casi toda la de sus personajes, tan inspirados en Valle Inclán que el propio genio del genio hubiera blandido

D�a 27/11/2015 - 08.46h

Mero Ripstein, sin colores, sin medias tintas, lijoso y rijoso, mirada de frente a la desesperación, al egoísmo, a la lacra, a la fatalidad?, y una escritura primorosa, un texto en el que verbos y adjetivos están untados con la malicia del talento. El argumento es complejísimo, pero la sinopsis fácil, brutal: dos mujeres de esa calle, la del amargor, que la hacen y la padecen, tienen un aciago encuentro con dos hombres diminutos y enmascarados, luchadores de ring y de bar.

Ripstein, buñueliano confeso y mártir, capta toda la inmundicia del ambiente y casi toda la de sus personajes, tan inspirados en Valle Inclán que el propio genio del genio hubiera blandido su bastón con el brazo que no tenía? Terrible cuadro de seres ahumados de espanto y cochambre, no ya olvidados, sino olvidables; al filo ya de la burla, de puro trágicos. Patricia Reyes Espíndola, magnífica actriz y reflejo cóncavo del cine de Ripstein, se desenvuelve en este territorio tragicómico con una naturalidad que choca, y Nola Velázquez, nueva en Ripstein, pero como de toda la vida.

Película narrada, interpretada y filmada exactamente como había de ser (pónganle colores, finura formal, texto hueco y paños calientes y adiós a su grandeza), grotesca, terrible, irrespirable. Pero sus mayores cualidades son también su único defecto: ¿a quién se la recomiendas?, ¿quién quiere llevarse en la cabeza la imagen de esas gárgolas y el eco de su adversidad?

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