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Crítica de «El puente de los espías» (***): Caballero sin espada? con filo

Crítica de «El puente de los espías» (***): Caballero sin espada? con filo

La película no es apasionante; es muy buena, de narración clásica, mirada inteligente y compleja, un excelente transmisor de valores y principios, pero sin inflamar de pasión al estilo Capra-Stewart

D�a 04/12/2015 - 17.03h

Apasionante: Spielberg recrea el ambiente y la visión de ese momento constantemente irrepetible en la historia de la humanidad que es la Guerra Fría, es decir, el de dos dos gigantes haciéndose posturas de culturista y enseñándose las venas en tensión; y al guión de esta historia sobre «nosotros» y «ellos», los hermanos Coen, puro vitriolo, aunque se diría que es un dúo más apto para la paz caliente que para la guerra fría; y la confianza, la dignidad, la integridad que transmite Tom Hanks en la pantalla. Frank Capra y James Stewart no conseguirían más crédito en ningún Banco. Pero la película no es apasionante; es muy buena, de narración clásica, mirada inteligente y compleja, un excelente transmisor de valores y principios, pero sin inflamar de pasión al estilo Capra-Stewart.

Este Spielberg cauto muestra el tablero: un espía ruso es atrapado por la CIA, será sometido a juicio sumarísimo y se le encarga su defensa al prestigioso abogado James Donovan (Hanks)?, gran primera parte, en especial por el acierto interpretativo en el duelo entre Tom Hanks y Mark Rylance, que abruma de nobleza, inteligencia y honradez su personaje de espía ruso. Vistazo desconfiado a la época y a la relación de la política y la justicia. Vuelta al tablero: un piloto americano cae en manos de los rusos y es acusado de espía, con lo que se impone un trueque: de lugar, de mirada, de prisioneros y de ética.

Una segunda parte más fría y calculadora, que se desarrolla en el Berlín del Este, que juega en el terreno de la intriga, con gran ayuda de la excepcional ambientación y la magnífica fotografía de Kaminski y con buena mano de Spielberg para que su mirada no se pierda en la consigna o el prejuicio, y para que la integridad de su héroe ocupe el centro de la trama.

Un héroe grisón, un poco, sí, a lo Capra, pero enormemente eficaz y tozudo que encuentra más honorabilidad en un espía de los de enfrente que en los suyos. Sin pasión, pero transmite Spielberg su elogio a virtudes como la fidelidad a la justicia, a la patria o a la familia, todo ese «pack spielberg» que con tanto desagrado ven sus críticos.

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