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Crítica de «Carlitos y Snoopy: la película de Peanuts» (***): Tu hocico me suena

Crítica de «Carlitos y Snoopy: la película de Peanuts» (***): Tu hocico me suena

El perro habita una de esas imbatibles ficciones (animadas o de acción real) con las que la cultura americana se convirtió en nuestra Scherezade de cabecera

D�a 23/12/2015 - 20.51h

Sí, ese hocico me suena porque yo a ese perro le he visto antes: Snoopy habita una de esas imbatibles ficciones (animadas o de acción real) con las que la cultura americana se convirtió en nuestra Scherezade de cabecera. Así, que, cuidado, touchez pas mon pote: ¿se puede comparar esto con la delicia naif de Snoopy vuelve a casa, uno de los vhs más fatigados por mi lector de video analógico? No me refiero ya a las viñetas originales de Schulz, que eso es otro medio, otro paraíso de la infancia perdida, sino a su versión animada, de película. Es la gran pregunta que plantea esta nueva entrega que nos llega motivada más por criterios de mercado, me temo, que por alimentar una memoria sentimental? que sonará a chino a nuestros pequeños, criados en un entorno audiovisual a donde no llegan las mutaciones televisivas de los Peanuts.

Además, nos preguntarán extrañados, estos «dibus» son raros: son como melancólicos (puede que no usen esa palabra), no hacen mucho ruido (ah, aquella música jazera de Vince Guaraldi) ni se agitan en modo hiperacelerado, y casi carecen de acción salvo por lo que se refiere a unas aventuras muy raras de Snoopy volando encima de su caseta roja (?) en pos del Barón Rojo (qué tiene que ver eso con lo demás, nos preguntarán, y la respuesta menos engorrosa y quizá más eficaz sería ponerles el disco de Royal Guardsmen). En fin, como ya pasaba con Snoopy vuelve a casa -de la que se recicla el gag de que a Snoopy no le dejen entrar en algunos sitios-, el mundo de Schulz acaba siendo más del gusto adulto que de una infancia maleducada por un concepto a veces histérico de la animación. Y al mismo tiempo, ese mundo parece decididamente infantil, con esa pelirroja inalcanzable, la crueldad de Lucy, el ninguneo en el que vive el siempre inseguro Charlie Brown. De la animación en 3D no sé qué decir: restituye la ?línea clara? de Schulz pero hace que las caras de los niños parezcan pelotas de plastilina o algo con botox. Sólo Snoopy, como siempre, se salva de la quema y sigue siendo él mismo.

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