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Crítica de «Palmeras en la nieve» (**): Olores de colonia

Crítica de «Palmeras en la nieve» (**): Olores de colonia

Excelente y ensoñador retrato de la Guinea colonial de mediados del siglo XX, con personajes novelescos y acción dramática y romántica

D�a 23/12/2015 - 20.51h

Excelente y ensoñador retrato de la Guinea colonial de mediados del siglo XX, con personajes novelescos y acción dramática y romántica, y a la que se le une mediante un hilo narrativo la Guinea de medio siglo después, un lugar tan independiente como inestable y agrio. De Fernando Poo a Bioko. El director Fernando González Molina adapta con músculo en la producción y con temperatura y tono tropical la novela de Luz Gabás, una mirada en dos tiempos, en dos generaciones, a la vida colonial en una finca de cultivo y a las tensiones sociales con aliño de tormentas románticas y enfrentamientos culturales entre un mundo que se ha de ir para que otro llegue. El empaque de la película es magnífico y poroso a todo ese caudal exótico, con el color cálido del pasado (casi toda la historia es un flashback), con la llegada a esa finca que huele a technicolor llamada Sampaka, con ese personaje crucial que interpreta en otro nivel superior Emilio Gutiérrez Caba, ya más autóctono que colono, y con descripción de la vida lugareña y su reverso de dominadores y dominados. De los dos tiempos narrativos, Mario Casas protagoniza el añejo y Adriana Ugarte el reciente, dos actores de mucho gancho visual, aunque de Mario Casas, esforzadísimo, podría decirse que su papel tan melodramático, tan de verter emociones, no le permite dar lo mejor de sí mismo, sin duda en la comedia (véase la última de Álex de la Iglesia). Hay más tono Sirk en los personajes del hermano (Alain Hernández), Macarena García o la sorprendente Mila Russo. Y nunca deja de dar la impresión de que, aunque larguísima, se ha quedado algo corta, como si su recipiente ideal fuera un serial televisivo.

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