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Crítica de «La academia de las musas» (****): Enseñar es seducir
«La academia de las musas»

Crítica de «La academia de las musas» (****): Enseñar es seducir

La premisa de la película, esa idea de que la literatura puede cambiar la vida, también va a contracorriente

Día 01/01/2016 - 08.25h

José Luis Guerín es el tesoro nada oculto del cine español. Y parte de lo que tiene de admirable es lo que tiene de imprevisible. Autor de algunas de las obras más poéticas de nuestro cine (Innisfree, Tren de sombras), acomete ahora una obra «en prosa», en donde exhibe la pujanza de la palabra: un genuino «talking picture» en donde no sólo se habla mucho sino que se habla de libros, de poemas y sonetos. Se explica en parte porque los personajes son filólogos pero el caso es que la moda ahora del cine artístico-festivalero es el vaciado de la dramaturgia, de la psicología: hasta en eso va Guerín a la contra, triunfando en festivales con una película tan poco vacía.

Incluso la premisa de la película va a contracorriente, esa idea de que la literatura puede cambiar la vida. Ahí entra también el punto conflictivo que puede contener: más de una espectadora puede rebelarse contra la idea misma de la musa, una noción antigua y quizá machista de la mujer. Se concreta en el personaje de un profesor que seduce a sus alumnas con la palabra, la suya y la de sus ancestros poetas. Esas largas escenas habladas se resuelven con un milagroso sentido de la economía expresiva, fruto del aprovechamiento de unas exiguas condiciones materiales. Rodada sin subvenciones, es una obra mayor hecha con una técnica menor (una cámara de turista, como dice Guerín): cinema povera que no se plantea virguerías de puesta en escena. Eso le da un aire «documental» que el autor se apresura a desmentir insistiendo que es una pura ficción. Atravesada, eso sí, por un sentido de realidad que florece en secuencias como la del idílico viñedo en Cerdeña.

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