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Crítica de «Padres por desigual» (**): Padre chachi, padre bobo
Escena de «Padres por desigual»

Crítica de «Padres por desigual» (**): Padre chachi, padre bobo

Al cobijo de la Navidad salen películas como esta, que esconden pocas pretensiones

Día 01/01/2016 - 07.57h

Al cobijo de la Navidad salen películas como esta, que esconden pocas pretensiones. Siendo las fechas que son busca familiaridad, molestar lo menos posible y sacar alguna que otra risa. El cebo es, claro, Mark Wahlberg, y el besugo es, evidentemente, Will Ferrell, que es un tipo que gusta mucho por allí y cero por aquí. Wahlberg, no. Wahlberg, además de ser el padre chachi, tío bueno, estupendo de la muerte y formidable, es un actor tan carismático que lo quiere todo el mundo. Pero si hablamos de cine, de cine en sí, ni un encantador de serpientes como él es capaz de llevar un guión similar al terreno de buena película. Tiene su aquel, sus buenos momentos, algún que otro gag y la permanente estupidez de los papeles encarnados por Ferrell, que para eso se las pinta solo.

La trama va de un padre voluntarioso y esforzado, es decir un petardo, que es ninguneado permanentemente por parte de unos hijos bordes y maleducados.

La cosa llega a su clímax máximo cuando llega el padre biológico, que es Walhberg, guapísimo y estupendísimo. En el contraste entre ambos, en la estupidez continua de Ferrell y en el «mecachis, qué guapo soy» de Wahlberg el filme funciona a trancas y barrancas. A eso y al arreglo final lo fía todo este simpático cuento al que no se debe mirar más que como eso: bolas navideñas, regalos sorpresa y una pequeña sonrisa en el rostro. Es que no da para más.

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