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Crítica de «Steve Jobs» (***): La manzana de la discordia en tres actos
«Steve Jobs»

Crítica de «Steve Jobs» (***): La manzana de la discordia en tres actos

Hay un evidente tono shakesperiano en el texto de Sorkin y en la imagen de Boyle, pero más aún en la interpretación de Michael Fassbender

Día 01/01/2016 - 13.40h

Película de autor, aunque no referido exclusivamente al director, Danny Boyle, pues lo más notable de ella está en su guión, que firma Aaron Sorkin, y con cierta ambición plutarquiana al insistir en el retrato de los emperadores de nuestro tiempo, tras hacer para David Fincher el apunte biográfico de Mark Zuckerberg en «La red social». Lo que conocemos de Steve Jobs, ya personaje mítico por su trascendencia y por sus tejanos y polo negro, lo traduce aquí al griego con esta película estructurada en tres actos en tono de tragedia y con enorme escenario, magnífico coro y el contraplano de las bambalinas. Tres actos que se corresponden con las presentaciones, cruciales para nuestro presente y futuro, de sus productos: la del Macintosh en 1984, la del NeXT en 1989 y la del iMac en 1998, poniendo el énfasis no tanto en la realidad del escenario de presentación como en esa búsqueda de la personalidad del «emperador» entre las bambalinas del acto.

Todo es real, personajes, situaciones y relaciones, pero el resultado es concluyente, una impresión, un retrato despojado de entusiasmo de biopic sobre un hombre genial, contradictorio, misántropo y absolutamente centrado en asuntos demasiado grandes para un simple mortal, como desgraciadamente fue su caso. Hay un evidente tono shakespeariano en el texto de Sorkin y en la imagen de Boyle, pero más aún en la interpretación de Michael Fassbender, en su relación complejísima con sus colaboradores, con el vehemente Wozniak que interpreta Seth Rogen, con el impresionante Sculley que interpreta Jeff Daniels, con la machbetiana Hoffman (la conciencia de Jobs) que finamente borda Kate Winslet, además de la complicación humana que le aporta en los distintos tiempos la presencia de su hija no reconocida y reconocidísima? Son todo ello duelos, bloques, un continuo frente a frente urdido mediante magníficos diálogos que le ponen mármol a una figura clave del siglo (de XXI, claro). Sabiamente, Boyle se deja fuera del retrato «lo importante», esa aportación aún sin posibilidad de ser medida de la obra de ese hombre (los entresijos técnicos, lo que había de genial dentro de sus productos), pero enfoca hasta el hiperrealismo lo que había dentro de esos tejanos y del polo negro. La dentellada de la manzana.

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