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Crítica de «Einsenstein en Guanajuato»: Tempestad en el paraíso

Crítica de «Einsenstein en Guanajuato»: Tempestad en el paraíso

Peter Greenaway goza de mejor salud, y mejor discurso, que lo que sus muchos detractores le desearían

Día 08/01/2016 - 09.36h

Peter Greenaway goza de mejor salud, y mejor discurso, que lo que sus muchos detractores le desearían. Se especializa últimamente en vidas de artistas: de Rembrandt pasa ahora a Sergei Eisenstein, uno de los pocos cineastas que admira. Se centra aquí en un episodio muy conocido de su vida, de donde surgió una película abortada antes de nacer, el gran fresco que debía llamarse «¡Qué viva Mexico!». Bien, para ser una obra de amor, de cinéfilo, la verdad es que habla poco de cine y mucho de algo que los biógrafos del genio (mi fuente es Ronald Bergan) no consideran documentado: en Guanajuato, abrumado por la sensualidad tropical, poseída siempre de intimaciones de muerte, Sergei perdió la virginidad y confirmó su orientación (homo)sexual. Ya saben, con Greenaway siempre se ven desnudos frontales más o menos efébicos, pero aquí está justificado por ese descubrimiento de sí mismo que tiene el reprimido Sergei? a quien Greenaway retrata un poco como el payaso que se preciaba en ser, sin falsa solemnidad hagiográfica.

Por lo demás, el cineasta, como siempre, satura y astilla la imagen y piensa más como artista plástico que como cineasta narrativo.

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