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Crítica de «No es mi tipo» (***): Corazón espinado

Crítica de «No es mi tipo» (***): Corazón espinado

El conflicto que relata esta película es de cabeza. Ella es peluquera, es decir, trata el exterior y de hecho se considera un poco terapeuta cuando consigue mejorar la estima propia de sus clientes

Día 08/01/2016 - 09.37h

Por decirlo con una ocurrencia, el conflicto que relata esta película es de cabeza. Ella es peluquera, es decir, trata el exterior y de hecho se considera un poco terapeuta cuando consigue mejorar la estima propia de sus clientes. Lo explica así para darse un poco el pego ante su amante, que trabaja más bien el interior de las cabezas, con o sin permanén? Es un profesor de filosofía exiliado a la provincia, un mundo que con Chabrol daba mucho juego pero que a este snob le lleva, a la desesperada, a seducir a alguien a quien en París no le daría ni la hora: una peluquerita fácilmente impresionable. Ya tienen el conflicto, que no es de clase pero casi, y lo que hace la película es desplegarlo bien durante dos horas porque no tiene otro.

Es fácil tomar posición porque él es un misántropo (misógino también, seguro) interpretado por Loic Corbery como si fuera un personaje de «Las amistades peligrosas» pero descafeinado. Y la chica es Emilie Dequenne, la inolvidable Rosetta de los hermanos Dardenne, y sobre ella se juega todo el drama: es ella la que pasa de ser feliz en su pequeña vida provinciana a conocer el más genuino chagrin d?amour dado que su nivel de exigencia amorosa y romántica es imposible que pueda satisfacerlo ni este ni casi ningún otro hombre. No se trata de un conflicto de clase social (y por tanto de gusto, como enseña la inevitable escena en un karaoke) sino de una concepción absolutista de la entrega que un escéptico profesional no puede comprender, como le pasaba a Louis Jourdan cuando recibía la carta de una desconocida.

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