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Crítica de «El hijo de Saúl» (***): El horror en la penumbra

Crítica de «El hijo de Saúl» (***): El horror en la penumbra

Todo es borroso, maldito, desagradable y espeluznante. La película es maravillosa como concepción y casi inviable como espectáculo

Día 15/01/2016 - 12.43h

Dirección: Laszlo Nemes. Con: Geza Rohrig, Levente Molnar, Urss Rechn.

He aquí lo que se nos presenta: una película valorada en todos los festivales como una de las mejores del año, ganadora de un Globo de oro y adorada por los críticos más duros y exigentes. Pero también una película terrorífica, durísima como el pedernal, el infierno en su máxima expresión. Tanto, que el horror minimiza la calidad del filme, que tiene muchas virtudes y ese extraño pero que convendría pasar por alto.

El escenario es Auschwitz casi al final de la guerra (1944), con un húngaro encargado de quemar los cadáveres de todos los judíos masacrados. Por alguna razón desconocida, algo se mueve en la cabeza (o en el corazón) del protagonista que le lleva a intentar enterrar a un joven al que hace pasar por su hijo. Todo es borroso, maldito, desagradable y espeluznante. El intento de Nemes de minimizar el drama esquivando la masacre, con ángulos muertos, enfoques de primer plano y desenfoques en el fondo, se convierte en algo turbio que consigue desasosegar aún más en una atmósfera asfixiante y claustrofóbia.

Sí, la película es maravillosa como concepción y casi inviable como espectáculo. Es como esas películas de terror en las que la amenaza se intuye en vez de mostrarse con su cruel faz. Es una especie de «El resplandor» contra «El exorcista», la sutil seda ante la carnaza. Da más miedo lo que no se ve pero se sabe, que lo que se podría ver.

Nemes, en su cruel debut, ha creado la contraposición a «La vida es bella». No hay Robertos Benignis aquí, sino casi un muerto viviente con un rostro pétreo ante tanto horror vivido. En suma, un filme que te deja desarmado, sin vida y sin esperanzas.

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