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Crítica de «Midiendo el mundo» (***): Maneras de viajar

Crítica de «Midiendo el mundo» (***): Maneras de viajar

Es a la vez una deslumbrante reconstrucción de época, una sátira de aventuras y una parábola sobre la curiosidad humana

Día 21/01/2016 - 20.08h

Dirección: Detlev Buck. Con: Albrecht Schuch, Florian D. Fitz

Dos de las figuras más brillantes que ha dado Alemania, el matemático Carl Friedrich Gauss y el investigador Alexander von Humboldt, llevaron vidas hasta cierto punto paralelas, a caballo entre los siglos XVIII y XIX. El explorador era ahijado del duque de Brunswick y «el de las campanas», de origen humilde, desarrolló su genio gracias a la petulante generosidad del noble. Ambos protagonistas, la noche y el día de la genialidad, comparten autosuficiencia y una ambición desmedida, valga la paradoja, ya fuera sobre el terreno o en el enmismado estudio de los números. «Todo aquello que da miedo hay que medirlo», dice con clarividencia uno de ellos.

La película de Detlev Buck, basada en el best seller de Daniel Kehlmann, es a la vez una deslumbrante reconstrucción de época, una sátira de aventuras y una parábola sobre la curiosidad humana, que puede saciarse con idéntica intensidad recorriendo el planeta o sin salir del pueblo. Como Gauss, que no abandonó Brunswick hasta que tuvo una edad avanzada. «A veces me pregunto quién de los dos ha viajado más y quién ha estado siempre en casa», se plantea un agotado Von Humboldt al final de sus días. La grandeza de dos seres tan contrapuestos conforma una nueva subvariante del género «de colegas». Cada espectador puede identificarse con uno, hasta donde sea posible, pero llama la atención que el matemático fuera mucho más terrenal en sus pasiones, sin haber visto mundo.

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