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Crítica de «Transeúntes» (***): Para ojos con paladar

Crítica de «Transeúntes» (***): Para ojos con paladar

De narrativa compleja, pero cómoda, que propone hilos argumentales, diversidad de historias, conatos de relatos, para hablarnos de una ciudad (Barcelona) pero también de una época no definida

Día 28/01/2016 - 19.51h

No está homologado el baremo para medir ni al cineasta, Luis Aller, ni a su película, «Transeúntes», tan especiales ambos que incluso el calificativo de «godardiano» se le queda corto y ramplón. De narrativa compleja, pero cómoda, que propone hilos argumentales, diversidad de historias, conatos de relatos, para hablarnos de una ciudad (Barcelona) pero también de una época no definida y de la importancia del montaje cinematográfico? Transeúntes huele a la vez a viejo y a muy nuevo, a años noventa y a tiempo por venir, todo ello desvelado por la mixtura de imágenes filmadas a lo largo de dos décadas que nos muestran la lozanía de actores que ya no la tienen (curioso, intrigante, ver ahí a un Sergi López o a un Santiago Ramos con el frescor de quien empieza) y que aglutinan lo «vintage» de ellos mismos con lo que hoy, años después de ser filmados, nos sugiere su presencia.

Y esa mixtura de tiempos y personalidades la combina Aller con una variedad expresiva muy godardiana, donde intervienen elementos narrativos muy diversos, desde el «otro» sonido, al cartel, al letrero, al texto que connota y hasta ¿divierte?... No es fácil anclar el de qué va de «Transeúntes», pero sí su capacidad transgresora y su vocación marciana, su elogio del caos y su fe en la grandeza de las microhistorias. Es un reclamo para aquellos espectadores con ganas de mirar, con paladar para el «collage».

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