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Crítica de «El renacido» (***): Bailando con osos

Crítica de «El renacido» (***): Bailando con osos

Los personajes de «Babel», de «21 gramos», de «Biutiful» tuvieron un trato de «spa» comparado con la insoportable paliza durante casi tres horas que soporta Leonardo DiCaprio

Día 05/02/2016 - 09.28h

En las dos primeras secuencias de esta película está el decálogo completo del cine de Iñárritu, sus diez mandamientos, que también pueden resumirse en dos: no evitarás un toque místico, un pellizco metafísico (ninguna de sus películas se libra de él) en una historia que no lo precisa, y no librarás del suplicio físico o psicológico a tus personajes, hasta el punto de que no es exagerado decir que hay que cebarse con ellos. Sean Penn, Brad Pitt, Cate Blanchett, Javier Bardem?, todos los protagonistas de su cine son los juguetes de «Toy Story» en manos de Lotoso, el siniestro osazo rosa.

Pues bien, esos personajes de «Babel», de «21 gramos», de «Biutiful» tuvieron un trato de «spa» comparado con la insoportable paliza durante casi tres horas que soporta Hugh Glass, un Leonardo DiCaprio que, más que un Oscar, lo que se merece es una buena aseguradora. Y por otra parte, el cine de Iñárritu siempre se esfuerza en zanjar cualquier película anterior o género que hable de lo mismo: «El Renacido» es incomparable a cualquier western anterior, y a cualquier historia de supervivencia o de sufrimiento máximo, a cualquier relato de frontera, de crueldad, de naturaleza extrema: ni Jeremiah Johnson ni su predecesora con Richard Harris, «El hombre de una tierra salvaje», sobreviven a la grandeza, o grandilocuencia de Iñárritu. La mirada ambiciosa de Iñárritu y la privilegiada cámara del «chivo» Lubezky (que debe ganar su tercer Oscar seguido, tras «Gravity» y «Birdman») siguen las desventuras de ese grupo de colonos que cazan y comercian con las pieles, y que son atacados por una partida de indios (esa larga escena compite por el pódium con la brutal de «Salvar al soldado Ryan»). Aunque ni siquiera es la escena cumbre, que es la del «baile» con el oso grizzli y está en el límite de lo soportable, de pancarta «animalista», como una de esas cogidas espeluznantes en la plaza? La tensión constante, el paladeo del sufrimiento, la intriga, la persecución, la resistencia, y cada cierto tiempo, las alucinaciones, la mística, el flashback del moribundo protagonista (¿lo hace Iñárritu para darse importancia?, ¿es un toque indigenista?) en un claro afán por connotar. Y se va el comentario sin subrayar el trabajo villano de Tom Hardy, tan bueno como el de DiCaprio, pero más sutil.

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