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Crítica de «Reverso» (***): El otro, el mismo

Crítica de «Reverso» (***): El otro, el mismo

Cuando uno adivina el «truco» que sustenta la trama no puede sino entretenerse divagando si los ejercicios de estilo constituyen una dieta visual suficiente

Día 05/02/2016 - 09.28h

Viendo esta película de Carlos Martín, no podía evitar evocar «Tesis», la opera prima de Amenabar. Ambas comparten una posición relativamente displicente respecto a la lógica argumental (coincidencias fatales y otros caprichos de narrador) y exhiben un apabullante dominio del lenguaje visual (que se hace emblemático en la recurrencia al plano cenital, el punto de vista «divino» del creador frente a sus criaturas).

Lo primero unido a lo segundo plantea una cuestión que Amenabar no ha acabado de responder del todo: técnica aparte, ¿tiene una visión del mundo, de la vida, que ofrecernos? (pero bueno, tampoco Kubrick se libra de eso). Se dirá que poco importa todo esto: lo que tenemos que hacer es relajarnos y disfrutar de un thriller, una pura obra de género, sin ponernos tan picajosos. Concedido, pero cuando uno adivina el «truco» que sustenta la trama (no voy a desvelarlo pero una versión infantil idéntica produjo un pequeño clásico del cine de terror fino: adivinen?), no puede sino entretenerse divagando si los ejercicios de estilo constituyen una dieta visual suficiente. Porque, claro, psicología no hay mucha (sólo un único trauma que da para mucho) y personajes como el de Elena Ballesteros están ahí para rellenar huecos.

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