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Crítica de «Eva no duerme» (**): Evita, del verbo evitar

Crítica de «Eva no duerme» (**): Evita, del verbo evitar

Casi todo es disuasorio, desde el engolamiento formal hasta esa extravagancia del francés Lavant en algo en lo que ha ido a caer tan por azar como esa cacharrería espacial que de vez en cuando aterriza sin que se la espere

Día 12/02/2016 - 09.48h

El cuarto largometraje del argentino Pablo Agüero tiene arrogancia, ambición histórica y ambición lingüística, pues aborda con mucho empaque visual y mezcla de tejidos narrativos la peripecia del cadáver de Eva Perón. Hace tres cortes personales y ficticios en la historia de la Argentina de antes de ayer, con mezcla de material de archivo, con ecos teatrales y con un cierto exceso en el capricho artístico, que ya se aprecia en el interminable primer plano de un hombre acercándose a la cámara desde la distorsión hasta el ajuste visual del narrador, García Bernal.

Tres cruces narrativos, el del cadáver de Eva Perón ante su embalsamador, el doctor Ara, que interpreta Imanol Arias en una secuencia entre dantesca y poética; el del militar transportador del cadáver, que interpreta Denis Lavant, en un claro error por cualquier lado que se mire, y el tercero se centra en el secuestro del general Aramburu, que interpreta Daniel Fanego, y que tiene, al menos, una cierta intención de conectar con algo parecido a una argumentación entre víctimas y verdugos.

Puede reconocérsele a Agüero su afán por crear un clima, por embalsamar a su vez imágenes y sentimientos, incluso por darle apariencia de reflexión a un asunto tan peculiar como el cuerpo y el alma de Eva Perón. Hay ambición, sí, pero no hay la menor conexión con un espectador aunque sea curioso. Casi todo es disuasorio, desde el engolamiento formal hasta esa extravagancia del francés Lavant en algo en lo que ha ido a caer tan por azar como esa cacharrería espacial que de vez en cuando aterriza sin que se la espere.

Dirección: Pablo Agüero. Con: Gael García Bernal, Imanol Arias.

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