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Crítica de «Zoolander 2» (**): Como experiencia vacía, divertidísima

Crítica de «Zoolander 2» (**): Como experiencia vacía, divertidísima

Lo que ocurre en la historia, francamente, no tiene el menor interés, a no ser que a uno le interese reírse mucho y a lo tonto

Día 12/02/2016 - 09.48h

Probablemente haya términos más elegantes para definir esta película, pero creo sinceramente que ninguno se ajusta tanto como el de «gilipollez». Como su propio número indica, es la segunda parte de otra película cuyo término definitorio tampoco dista mucho del empleado aquí. Y si bien esta palabra malsonante la describe en lo esencial, también hay que tener ojos para ver y decir otros adjetivos que también le cuadran: divertidísima, descacharrante, anárquica, excesiva, entretenida, definitoria del tiempo tonto que vivimos? «Zoolander 2» viene a ser, en película, lo que Woody Allen calificaba con sorna como el sexo sin amor: una experiencia vacía, pero?, como experiencia vacía, estaba entre las mejores.

Ben Stiller dirige quince años después la continuación de su hallazgo: el anormal Derek Zoolander, la estrella de la moda masculina, el inventor de «la mirada azul», el tipo con una mirada con la profundidad de un plato de postre, vuelve a la pasarela y está ya más pasado de moda que las patillas finas, y junto a él su contrincante y amigo, el no menos anormal Hansel, y juntos continúan una aventura detallada en un guión indescriptible, que vulnera cualquier regla que roce ligeramente la lógica de un intelecto mínimamente instruido, pero que, milagrosamente, resulta tan chocante, graciosa, inservible y divertida que no hay más remedio que hacerle un hueco.

Ben Stiller y Owen Wilson se ríen de sí mismos, pero se ríen más de todos nosotros quince años después, cuando lo fashion ya está en manos rupturistas (los Podemos de la Moda, el smoking del buscón don Pablos, el desaliño, los títeres de Carmena, la «errejonidad» y la cosa nostra de El Kichi o Ada Colau)? Buena secuencia inicial con Justin Bieber inmolándose a los nuevos tiempos, ¡con un selfie!, aunque nadie en la película demuestra un sentido del humor tan amplio y fresco como Penélope Cruz, Valentina, antes modelo de bañadores de supermercado, y ahora pechugona de la Interpol (su momento pectoral, con Stiller y Wilson embotellados de cintura para abajo es tan grosero como divertidísimo). Lo que ocurre en la historia, francamente, no tiene el menor interés, a no ser que a uno le interese reírse mucho y a lo tonto.

Dirección: Ben Stiller. Con: Ben Stiller, Owen Wilson, Penélope Cruz.

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