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Crítica de «La decisión de Julia» (***): El big bang de los recuerdos
«La decisión de Julia»

Crítica de «La decisión de Julia» (***): El big bang de los recuerdos

Entre todos construyen un puzle de sentimientos y presentimientos en el que el romance y el thriller son dos de las piezas fundamentales

Día 13/02/2016 - 12.54h

Esta pequeña película, rodada en un blanco y negro matizado, bien podría ser el gran estreno de la semana. Norberto López Amado saca adelante con exquisito buen gusto la historia de una mujer (Marta Belaustegui) que repasa su pasado en el trance definitivo de su vida. Al poco de comenzar, la obra sitúa al espectador al borde del acantilado, pero entonces lo agarra con su relato y le presta las alas de los recuerdos. El planeo, no siempre suave, con bruscos giros de género, no permite anticipar dónde aterrizaremos.

El mundo interior de la protagonista sale así de paseo gracias a la inteligente puesta en escena, que ilumina las reflexiones más sombrías y realza los momentos de dicha. Juan Molina presta la mirada de su cámara al texto de Rafa Russo, a esos recuerdos dichos en alto para que no se desvanezcan. Entre todos construyen un puzle de sentimientos y presentimientos, en el que el romance y el thriller son dos de las piezas fundamentales. Su forma de encajar y desencajarlas son lecciones constantes contra el juicio apresurado.

Se puede aprender más de la vida en esa habitación 206, escenario inmóvil sobre el que gira el universo, que en varios viajes alrededor de la Tierra, con la memoria como maleta imaginaria en la que todo lo que no es imprescindible se convierte en lastre. Nuestra existencia entera cabe en un segundo, en un big bang de recuerdos más intensos que la vida, como ese sueño del último instante que se queda prendido a la consciencia. De fondo, Leo Ferre canta «Avec le temps».

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