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Crítica de «El mal que hacen los hombres» (***): Más Tarantino que Shakespeare

Crítica de «El mal que hacen los hombres» (***): Más Tarantino que Shakespeare

Su relación más directa es con Tarantino; con el Tarantino de «Reservoir dogs». Casi un escenario único

Día 19/02/2016 - 08.47h

Dirección: Ramón Termiens. Con: Daniel Faraldo, Andrew Tarbet

El título se refiere a la célebre frase de Marco Antonio al pueblo de Roma ante el cadáver de Julio César: «El mal que hacen los hombres les sobrevive; el bien suele quedar sepultado con sus huesos. Que así ocurra con César». Esta película de Ramón Termens mira a «los» hombres, un puñado de asesinos de frontera mexicana, y mira al mal, pues raptan, mutilan y asesinan sin apenas interés ni sentido de culpa. Y ahí se termina el contacto de esta película con «Julio César» o con Shakespeare, pues su relación más directa es con Tarantino; con el Tarantino de «Reservoir dogs». Casi un escenario único, un gigantesco hangar situado (cinematográficamente) en algún lugar fronterizo de México y entre las sangrientas luchas de narcotraficantes. Y casi una situación única: la hija pequeña del jefe de una banda rival es raptada y se usa como posible intercambio. Personajes igualmente anclados: dos sicarios que custodian a la niña, un siniestro personaje (Sergio Peris-Mencheta) que se une a ellos, y la guadaña que oscila constantemente entre todos.

Un «thriller» de violencia engallada y quietud desesperante, donde el juego consiste en la cambiante relación de fuerzas, sospechas y engaños para sobrevivir en ese siniestro baile en el que cada paso es pura metástasis. El actor Daniel Faraldo (también guionista) conoce con precisión lo que quiere transmitir esta historia bañada de amoralidad, en la que hasta la inocencia es perversa, y que necesita de sangre y crueldad para ser explicada, y es su personaje de sicario implacable el que controla el teclado de la maldad.

Sobra quizá el «flashback» explicativo de Faraldo y un par de cargadores vaciados, pero la tensión está medida y el final lleno de ironía con sabor a vainilla es tan potente como desconcertante.

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