ABC.es

HoyCinema

patrocinado por .
Crítica de «La habitación» (****): La vida no era esto

Crítica de «La habitación» (****): La vida no era esto

Durante las primeras secuencias, el tono de cuento infantil de esa relación aún no deja entrever el matiz erizado de que estamos en una historia estremecedora, aterradora y jamás contada antes

Día 26/02/2016 - 09.28h

El título alude con excesiva generosidad al espacio en el que transcurre gran parte de la película, una habitación diminuta y cerrada, y en ella convive Jack, un niño de cinco años, con su madre. Arranque sencillo, íntimo, atento a esa coreografía mágica de la relación de una madre con su pequeño al que le va desvelando los secretos del universo. Durante las primeras secuencias, el tono de cuento infantil de esa relación aún no deja entrever el matiz erizado de que estamos en una historia estremecedora, aterradora y jamás contada antes, y será de un modo progresivo, y entre el juego, el miedo y la fabulación como el espectador detectará los resortes de esa trama y las causas de por qué están recluidos en esa «habitación-mundo».

El director, Lenny Abrahamson, refleja ese confinamiento desde el punto de vista del pequeño Jack, con lo que lo sórdido de la situación está empañado de misterio, fantasía y cuento maternal (en cierto modo, el mismo ungüento de «La vida es bella», de Benigni), y sólo perturbada por las apariciones del viejo Nick?

El segundo gran acierto de «La habitación» es el modo insólito en que trata a este personaje del viejo Nick, con el más absoluto de los desprecios, desterrando toda su parte importantísima en la trama al estercolero: sale de la historia como si alguien tirara de la cadena (es evidente que en otra película sin la ambición de ésta, hubiera ocupado gran parte de «la habitación», y hubiéramos visto lo ya visto mil veces). Aquí, tras una secuencia de desgarro físico y emocional, que podríamos definir como el momento de la alfombra mágica, como la de los cuentos, cambia el paisaje, cambia el punto de vista y cambia de lo infantil y sórdido a lo adulto y psicológico.

Una vez digeridas las causas, la película propone tropezarnos con los efectos. De principio a fin, «La habitación» es un prodigio de matices, de diálogo interior, de encanto y espanto, con unas magníficas interpretaciones (la de ella, Brie Larson, ahora sí el primer gran acierto de «La habitación») y con una riqueza que trasciende lo parabólico y lo sentimental.

Comentarios