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Crítica de «13 horas: Los soldados secretos de Bengasi» (**): Publicidad encubierta a dos mil por hora

Crítica de «13 horas: Los soldados secretos de Bengasi» (**): Publicidad encubierta a dos mil por hora

Americanos buenísimos, moros canallísimos y cero argumentaciones para lo uno y para lo otro

Día 26/02/2016 - 09.29h

Se le supone a Michael Bay un experto en películas de acción, ya saben: «Bad Boys», picados desde abajo con siluetas superpuestas, mucho ritmo y marcha despiadada, con balas y pólvora a troche y moche. Y está muy bien si lo que gusta ver es ir a dos mil por hora, no tener pausa y acabar la película más cansado de lo que has entrado.

Lo que no está tan bien es que nos repitan el credo nuestro de cada día. Americanos buenísimos, moros canallísimos y cero argumentaciones para lo uno y para lo otro. Y que además, esta ya la hemos visto porque «Black Hawk derribado» no es que fuera más de lo mismo, es que era lo mismo. En realidad, todo esto es como Rambo disfrazado. Los malos caen como chinches y para acabar con uno de los «blanquitos» hace falta una bomba nuclear porque son más altos, más rubios y más ojos azules. Ya les vale, como si la policía fuera tonta.

No se cuestiona pues la forma, que ya se sabe que esta gente derrocha millones en filmes que más parecen publicidad que cine en sí, pero sí que el fondo sea tan descarado y poco ecuánime, que al menos haya un intento de ver qué hay más allá.

La película, como entretenimiento en sí, es casi irreprochable si bien, como es típico en Bay, la confusión y el caos se apodere del escenario: todo se confunden, los protagonistas entre sí, los escenarios, las posiciones... En suma, lo que es una película de acción exagerada en su creación y también en su cuestionario fundamental. A ver si se van cortando un poquito y empiezan a hacer más cine y menos publicidad.

Dirección: Michael Bay. Con: John Krasinski, James Badge Dale.

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