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Crítica de «Nunca es tarde» (***): Siempre Pacino

Crítica de «Nunca es tarde» (***): Siempre Pacino

No importa que el guión y la dirección de Dan Fogelman no explore más que lugares conocidos, Al Pacino se las arregla para convertir un lo de siempre en un lo nunca visto

Día 04/03/2016 - 16.56h

El mcguffin es que John Lennon le enviara una carta al joven cantante Steve Tilston que nunca leyó (bueno, cuarenta años después), o tal vez el mcguffin es que en la película este cantante se llame Danny Collins, lo interprete Al Pacino y la lectura de esa carta ya al final de su carrera de pie a la serie de circunstancias que se nos cuentan.

Pero la historia, la auténtica historia de esta película es la de un tipo setentón, que lo ha sido todo (y que tal vez hubiera sido más si un John Lennon del cine le hubiera enviado una carta advirtiéndole de que controlara sus prisas), es la historia de un actor que aún rompe con brutal energía contra las peñas de la orilla, es Al Pacino, que aquí es tanto un viejo rockero como un volcán en erupción, y no importa que el guión y la dirección de Dan Fogelman no explore más que lugares conocidos (el hijo no reconocido, la familia con problemas, la mujer encantadora?), Al Pacino se las arregla para convertir un lo de siempre en un lo nunca visto; naturalmente, Pacino está exagerado, de bofetada, impúdico, guasón?, pero no nos habla de Danny Collins, y mucho menos de Steve Tilston, nos habla de sí mismo, del tipo que hizo «El Padrino» y «Jack y su gemela», que es el equivalente en la película a la escena en que renuncia a cantar su nueva canción. Y afortunadamente está ahí el encanto de Annette Bening para bajarlo un poco.

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