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Crítica de «Agente contrainteligente» (**): buscando la chispa perdida

Crítica de «Agente contrainteligente» (**): buscando la chispa perdida

Sacha Baron ha ido perdiendo la chispa, la crítica social y la agudeza de su humor, que llegó a ser muy fresco y renovador en sus dos primeras películas

Día 17/03/2016 - 19.48h

Hace bastante tiempo que Sacha Baron fue decreciendo en su impacto general sobre la butaca. En algún momento del camino emprendido fue perdiendo la chispa, la crítica social y la agudeza de su humor, que llegó a ser muy fresco y renovador en sus dos primeras películas. Ahora, en el momento presente, solo queda el descaro aderezado con un excesivo humor escatológico que lo acaba impregnando todo.

Es cierto que a veces consigue flashes de cierto humor, gags de mandíbula abierta, pero lo que antes era continuo ahora resulta intermitente y con un ritmo discontinuo.

En «Agente contrainteligente» va uno a encontrar lo que se espera, lo que se ve en el trailer y poco más. Empeorado además por esa vena grosera y basta que a veces incluso resulta hasta desagradable. Ha metido Baron en la aventura a Mark Strong, que es algo difícilmente perdonable. Strong, que en contados momentos ha destilado toques de humor, funciona en otra onda: esas señales cómicas que destila de vez en cuando son mucho más sutiles, elegantes y finas que las que Baron acostumbra a mostrar en sus filmes. En suma, una más del especial estilo de Sacha, pero demasiado forzada para lo que suele ser habitual en él.

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