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Crítica de «Luces de París» (***): Loa a la canita al aire

Crítica de «Luces de París» (***): Loa a la canita al aire

Impregnada del espíritu Bovary, trata del súbito ataque de luz en la vida de una mujer madura y de su vida acartonada como granjera junto a su granjerísimo marido «de siempre»

Día 18/03/2016 - 09.15h

Tan impregnada del espíritu Bovary y del ambiente campiña como la otra película francesa estrenada («Primavera en Normandía»), pues trata del súbito ataque de luz en la vida de una mujer madura y de su vida acartonada como granjera junto a su granjerísimo marido «de siempre» y en su granja «de siempre» de la que ya ha volado su hijo. El director, Marc Fitoussi, atrapa con paciencia francesa los mil detalles de una relación consolidada pero que precisa una sacudida, una especie de vareo como si fuera un olivo ya harto de su fruto. A falta de olivareros están las luces de París, en un viaje que es una excusa y un elogio a la canita al aire contemplado por la película con enorme sensibilidad y respeto a las curvas (parábolas) sobre el matrimonio. Los dos protagonistas, Isabelle Huppert (en un perfil más simpático que de costumbre) y Jean-Pierre Darroussin, entienden a la perfección el cometido de sus personajes, y ninguno de ellos permite que se alejen a más de una cuarta del corazón del espectador. Todo es comprensible y sensible, la relación en intensa escena del padre con el hijo acróbata, de la mujer con el ocasional pero eterno sueco-danés que borda Michael Nyqvist (el Mikael Blomkvist de «Millennium»), la aceptación de las idas y vueltas de esa pareja en pleno vareo alrededor de sí mismos y como matrimonio, y la delicada capa de moral, fidelidad y sentimiento de culpas compartidas y eludidas con la que untan la rutinaria tostada de su existencia?

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