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Crítica de «Mi gran boda griega 2» (**): América étnica

Crítica de «Mi gran boda griega 2» (**): América étnica

Esta secuela en particular está llena de gente tan ordinaria como la que vemos en cualquier reality? gente de la que uno querría escapar cuando va al cine

Día 23/03/2016 - 21.09h

Si ver una secuela suele consistir en reencontrarse con algún personaje extraordinario que tiene que volver a salvar el mundo, esta secuela en particular está llena de gente tan ordinaria como la que vemos en cualquier reality? gente de la que uno querría escapar cuando va al cine, precisamente. El efecto es similar a cuando la conjunción de los astros hace que repitamos boda o funeral con esa parte de la familia que menos apetece ver después de haberlos visto unos pocos meses antes.

La protagonista y guionista Nia Vardalos tiene bula -la única que otorga Hollywood, la de la taquilla- para volver a montar la boda y, hala, toca sufrir a los suegros otra vez. Nia tiene un rostro magnífico, podría ser como Irene Papas o como la Callas, pero nada más lejos de la intensidad trágica que evocan esos nombres que esta ceremonia autocomplaciente de buen rollito griego. Desde la musiquita muy «zorbaelgriego» hasta la caracterización de los padres de Nia -Paco Martinez Soria y Florinda Chico, para entendernos y para que vayan avisados-, por no hablar de los secundarios, todo parece pagado por alguna ong multicultural dispuesta a naturalizar a la minoría grecoamericana en estos tiempos de xenofobia rampante entre algunos políticos estadounidenses.

Dirección: Kirk Jones. Con: Nia Vardalos, John Corbett.

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