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Crítica de «Altamira» (***): El marco de las pinturas rupestres

Crítica de «Altamira» (***): El marco de las pinturas rupestres

Ocasión para saltarse el protocolo y «ver» el interior de la Cueva de Altamira sin necesidad de hacer cola, a no ser que su éxito traslade la línea de espera a la puerta del cine

Día 01/04/2016 - 09.07h

Ocasión para saltarse el protocolo y «ver» el interior de la Cueva de Altamira sin necesidad de hacer cola, a no ser que su éxito traslade la línea de espera a la puerta del cine. Película dirigida por el reaparecido Hugh Hudson, el director de «Carros de fuego» que llevaba dos décadas en su cueva particular, pero alentada completamente por la figura de Antonio Banderas, que encarna al personaje central (con permiso del bisonte), Marcelino Sanz de Sautuola, bisabuelo de Emilio Botín y figura crucial en el hallazgo rupestre junto a su pequeña hija, María. Entretenida narración, elegantemente ambientada y hermosamente fotografiada por Alcaine, y que emite su mejor voz en la sugerencia artística del descubrimiento, pues se reflexiona sobre la modernidad, la expresividad y las connotaciones estéticas en las figuras encontradas con la pintura aún viva y emocionante.

Otras reflexiones de la película no alcanzan el mismo grado de bondad, como la caricaturesca relación entre ciencia y religión, muy retorcida en la cara de gresca permanente en el cura que interpreta Rupert Everett, achacándose a la Iglesia la cerrazón por no reconocer la autenticidad de las pinturas de Altamira, y que se precipita un poco en lo grotesco con ese aire de conspiración entre él y la mujer de Sautuola (interpretada por la dulcísima Golshifteh Farahani)? Tampoco acaban de equilibrarse dentro de la narración, tan fluida, tan académica, esas alucinaciones de la niña descubridora en la que los bisontes se materializan entre poéticos y amenazantes.

La zona laica y científica sí está, en cambio, equilibrada, pues la figura del prestigioso prehistoriador Émile Cartailhac conserva intacto su perfil, a pesar de que patinó como Charlot y no reconoció la autenticidad de las pinturas de Altamira hasta después de la muerte de Sautuola. Acreditado lo esencial de la película, habrá que perdonarle su insistencia en meter en plano el Ángel Exterminador de Llimona (en el fabuloso Cementerio de Comillas), a pesar de que fue alzado allí años después de los hechos narrados.

Dirección: Hugh Hudson. Con: Antonio Banderas, Golshifteh Farahani, Rupert Everett.

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