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Crítica de «Blancanieves y el cazador» (***): Rostros blancos, almas negras

Crítica de «Blancanieves y el cazador» (***): Rostros blancos, almas negras

En el camino que conduce a los cuentos de princesas, apuestos héroes y dragones, algo se nos perdió en el camino, y seguro que no era Shrek

Día 08/04/2016 - 12.47h

En el camino que conduce a los cuentos de princesas, apuestos héroes y dragones, algo se nos perdió en el camino, y seguro que no era Shrek. De alguna manera, y como el mundo en sí, se ha ido perdiendo la candidez, el romance, los senderos rosados...

Puede que por eso, y tras aquella «Blancanieves y la leyenda del cazador» (2012), esta secuela -que en realidad no lo es, pues se remite a los orígenes pero también a un después-, ha buscado caminos que conduzcan de nuevo al romanticismo y al amor.

Lo bueno del trabajo de Troyan es que no ha dudado en tirar por el camino central para llenar la historia de almas negras que entorpezcan, y de qué manera, el flechazo de Cupido. Ni que decir tiene que el contraste llena un filme que se apoya en unos prodigios técnicos y unos escenarios bellísimos para, al instante, llenarlo de odio, nubes negras y maldad bien y mal entendida. La primera por mor de una excelente Emily Blunt, y la segunda por la aún mejor Charlize Theron, con la que el espectador vive una esquizofrenia permanente.

Lleva la sudafricana varios trabajos en los que los directores intentan dibujarla horrible, demacrada, el vivo retrato de la muerte y del infierno. Bien, pues ni por esas. Su belleza domina todas y cada una de las escenas con ese regio filmar que tiene a pesar de que su papel esta vez sea menor en el tiempo, que no en su calidad.

La película, larga y trabajada, tiene un cuidado exquisito en su elaboración para ser una producción de gran calado y monumental presupuesto. Claro que da licencias a la ñoñería y a los tintes rosas que nunca faltan en esta clase de trabajos, pero a nivel técnico es impecable.

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