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Crítica de «Efraín» (***): Mi oveja y yo

Crítica de «Efraín» (***): Mi oveja y yo

Precedida por un lanzamiento en Cannes y un largo periplo festivalero, la película de Yared Zeleke es la primera película etíope autóctona que uno recuerda haber visto

Día 08/04/2016 - 12.47h

Precedida por un lanzamiento en Cannes y un largo periplo festivalero, «Efrain» es la primera película etíope autóctona que uno recuerda haber visto. Al decir autóctona no me refiero tanto a su producción como al hecho de que muestra el paisaje y las costumbres del lugar, y que eso es más importante que una trama, por otro lado, cadenciosa y bien contada, aunque quizá con cierta tendencia a la postal (pero a lo mejor es que allí es imposible pinchar el trípode sin pillar un marco incomparable).

El Efrain del título es un niño solo del que cuidan unos parientes. Le gusta cocinar pero eso no es cosa de hombres: y esa lección, impartida bruscamente por el pater familias, no será la primera que aprenderá en su dura existencia. Su consuelo viene del reconocimiento de las mujeres y de la compañía de su mascota, una oveja siempre en peligro en una zona en la que se pasa hambre, y que tampoco le da mucha conversación. Pero esta es una película silenciosa, alejada del mundanal ruido, a la que resulta fácil acomodarse durante una hora y poco.

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