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Crítica de «Redención» (**): creencias, fanatismos y crisis existenciales

Crítica de «Redención» (**): creencias, fanatismos y crisis existenciales

La trama, sobre desapariciones y abusos infantiles en comunidades religiosas, no está bien urdida ni es «sucia» y terrorífica

Día 15/04/2016 - 11.52h

Tercer caso del Departamento Q, tras el de Misericordia y Profanación, y que en esta ocasión no dirige Mikkel Norgaard (el de la serie «Borgen»), sino Hans Petter Moland, aunque sí está protagonizada por esa peculiar pareja de polis, el insufrible Nikolaj «cara de palo» Lie Kas y el islámico simpático Assad que encarna Fares Fares.

Otro caso olvidado y abandonado en una botella a la deriva y con un mensaje de socorro dentro, aunque el mensaje más interesante es el de fuera, el que propone el film sobre los fanatismos religiosos, la existencia de Dios, el respeto y la tolerancia a las creencias de los otros, cuyo equilibrio en la película lo encuentra en el discurso del personaje de religión islámica, pues su borde compañero, el inspector Carl Mork, que fuma con la fruición que sorbe Nosferatu, es más descreído e inestable que un concursante de «telereality».

La trama, sobre desapariciones y abusos infantiles en comunidades religiosas, no está tan bien urdida ni es tan «sucia» y terrorífica como la de los dos casos anteriores y el personaje del villano está más agujereado, aunque conserva el ritmo, el clima y el tono grisón de «thriller danés», además de ese sin respiro emocional de la serie basada en las novelas de Jussi Adler-Olsen, aunque aquí con un cierto recuerdo, más visual que otra cosa, de «La isla mínima» o, incluso siendo generoso, de «True detective».

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