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Crítica de «Cegados por el sol» (***): Geografía, historia, física y química

Crítica de «Cegados por el sol» (***): Geografía, historia, física y química

El personaje que interpreta Ralph Fiennes, totalmente desprovisto de equilibrio y sensatez, le otorga a la historia su mayor profundidad y complejidad

Día 22/04/2016 - 09.47h

Luca Guadagnino rearma la vieja película de Jacques Deray «La piscina», y lo hace con la intuición de que la geografía «contamine» la historia: ya no son «pijos» franceses de tensión emocional y estival en Saint Tropez, sino «pijos» americanos con esa misma tensión en la ruralidad costera italiana, con lo que se advierte aún más la extravagancia de sus comportamientos y el sinsentido geográfico de sus pasiones.

El personaje que interpreta Ralph Fiennes, totalmente desprovisto de equilibrio y sensatez, le otorga a la historia su mayor profundidad y complejidad (realmente, Fiennes arrasa con todo y todos, salvo, quizá, con la maliciosa entereza con que compone su personaje lolitesco Dakota Johnson). Además de geografía, Guadagnino cambia también física y química, aunque no está claro por qué: la pareja enamorada, Tilda Swinton y Matthias Schoenaerts, está a años luz en este sentido de aquella de Romy Schneider y Alain Delon, que eran al ojo del espectador lo que la manzana a Guillermo Tell.

Pero la trama, aún desprovista de ese gusto al ojo, conserva la esencia de toda su malicia y el suave bronceado de su perversión, la carga del pasado de los personajes y la dificultad para recomponerlo en forma de presente. Bien compensados los tiempos (las generaciones) en la puesta en escena, fascinante y soñadora, la película habla también de la dificultad de hablar (Swinton, una cantante afónica) pero también de la charlatanería (Fiennes, bocazas), y mucho de la manzana y el ojo que la mira y el dardo que la acecha.

Dirección: L. Guadagnino. Con: Ralph Fiennes, Tilda Swinton.

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