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Crítica de «Toro» (***): Más dura será (sortear) la caída

Crítica de «Toro» (***): Más dura será (sortear) la caída

Sin salirse del carril de un guión que alumbra constantemente rincones conocidos o previstos, y se adorna con muchas escenas poderosas, tanto por su brusquedad como por su ternura

Día 22/04/2016 - 09.47h

Con algunos de los patrones del cine negro y violento, el director Kike Maíllo moldea esta especie de western andaluz, este duelo turbio entre el lujo arrabalero y la maldad. Hay dos personajes dignos (por carácter cinematográfico, no real), el del delincuente en proceso de rehabilitación social y en ese intento tan complejo de abandonar el estercolero sin apestar, dentro de lo posible, lo que le queda de futuro, y el del jefe mafioso, cuyos códigos no necesita modificar porque la sociedad lo acepta e incluso alienta a ser como es. Mario Casas es Toro, un hombre primario que pretende que su corazón se imponga a sus otras vísceras, y José Sacristán es Rafael, en la cima de un emporio basado en la delincuencia y blanqueado por el ambiente corrupto general con el aroma Chirbes?

Y un coro de personajes intermedios, de venganzas, traiciones, heridas del pasado, ambiciones y dureza extrema, abocan a estos dos personajes embravecidos a una furiosa embestida. Maíllo se esfuerza tanto en subrayar la crueldad como el amor, la admiración sucia, entre ambos. La narración es ágil, aunque sin salirse del carril de un guión que alumbra constantemente rincones conocidos o previstos, y se adorna con muchas escenas poderosas, tanto por su brusquedad como por su ternura (o combinando ambas, como en el fleco romántico entre Casas y la excelente Ingrid García Jonsson), y con un cierto deje «hawksiano» en el proceder de sus protagonistas, donde la relación fraternal entre Casas y Tosar es cromática y trágica, el otro hilo esencial de la trama.

En su superficie, tal vez sí tenga que ver con ese «negro» actual de Winding Refn, pues no escatima en detalles de brutalidad y exceso, pero busca más el sentimiento y la catarsis al modo, aún sin refinar, de Alberto Rodríguez. Le queda gordo el nudo que ata su historia a lo manido de algunas zonas del guión, pero es muy vistosa, eficaz y pasional. Mario Casas es un actor que se maneja mejor en la comedia que en las exigencias dramáticas, pero lo compensa con una física que rellena el traje y con el don de creérselo; Sacristán no necesita rellenar, pues sencillamente llena, incluso rebosa.

Dirección: Kike Maíllo. Con: Mario Casas, Luis Tosar, José Sacristán, Ingrid García Jonsson.

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