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Crítica de «Mayo de 1940» (**): Con la guerra en los talones

La dedicatoria de Christian Carion a su madre compulsa el contacto con la realidad de lo que va a contar, esa sensación de pérdida de tierra bajo los pies cuando se huye de la guerra

Día 06/05/2016 - 09.31h

La dedicatoria del director, Christian Carion, a su madre compulsa el contacto con la realidad de lo que va a contar, esa sensación de pérdida de tierra bajo los pies cuando se huye de un lugar por los efectos de una guerra. El lugar es la Francia en pleno avance de las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, y los protagonistas son un padre y un hijo que ya habían huido de Alemania con esa urgencia de quien ve la guadaña en movimiento. Aunque la trama tiene la horma del cine bélico, con el avance de las tropas de ocupación y la huida de la población civil, el director introduce en paralelo los dos puntos de vista complementarios para contarla, la adulta y voluntariosa del padre y la ingenua y reflexiva del hijo, revistiendo lo que es una intriga de búsqueda y supervivencia en ese tejido común a todos los pueblos y sociedades cuando han de compaginar el éxodo, la lucha y la idea de defender vida y hacienda. Hay más humanismo que espectacularidad, y más ficción previsible que historia real, pero tiene su punto de actualidad en esta Europa que duda entre refugiar y refugiarse.

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