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Crítica de «Absolutamente todo» (**): Los Python de bonsai

Hay al menos dos o tres momentos muy graciosos en esta comedia de Terry Jones, pero eso es un éxito comparable a que Michael Jordan hiciera un par de canastas en un partido

Día 13/05/2016 - 08.54h

Hay al menos dos o tres momentos muy graciosos en esta comedia de Terry Jones, pero reírse dos o tres veces en una película de Monty Python es un éxito comparable a que Michael Jordan hiciera un par de canastas en un partido. Los creadores de «La vida de Brian», genialidad que tanto es la Biblia del cine de comedia como la gran comedia del cine bíblico, están aquí muy, muy por debajo de sus posibilidades, lo cual no implica que no sea una comedieta agradable, con tres o cuatro ideas y chistes buenos. La trama consiste en que la cara como de mango de paraguas de Simon Pegg nos cuente lo que se siente cuando se tiene una vecina como Kate Beckinsale y unos repugnantes «marcianos» le conceden a tu mano el poder de hacer realidad cuanto desee.

Un asunto, como se puede apreciar, muy serio, y si llega a caer en manos de los los Monty Python (lo único seguro es que no aparecen por ahí ni Cleese, ni Palin, ni Idle, Chapman o Gilliam), algunos «momentos perro» o «momentos tamaño» hubieran pasado casi inadvertidos entre el chaparrón de juerga y gracia general. Ahora, esos «momentos» es lo único que se recuerda a la salida. Y si esto cae en las manos de Jim Carrey, lo que tenemos es un «Como Dios», aquella comedia de la cual ésta es su versión laica (lo que allí otorga Dios, aquí lo otorgan los «marcianos»), y con Beckinsale en lugar de Anniston.

En fin, que «Absolutamente todo» da para un rato, que era casi imposible que Monty Python estuviera ahora a la altura de sí mismos, que a pesar de ello tal vez se ría algo más que en las comedias de las salas de al lado, y que propone un par de ideas lúcidas de lo fácil que es desear y lo dañino que es que se cumplan tus propios deseos.

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