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Crítica de «El hombre que conocía el infinito» (***): Una mente maravillosa

Esta es una ejemplar historia intercultural, de cuando no existía el integrador concepto de lo multicultural

Día 13/05/2016 - 08.52h

Esta es una ejemplar historia intercultural, de cuando no existía el integrador concepto de lo multicultural. En la primera década del siglo XX llega a Cambridge un genio autodidacta de la matemática pura, procedente de una cultura, la india, que la mentalidad del Imperio Británico consideraba por fuerza inferior. Se establecen entonces una serie de oposiciones sobre las que trabaja la película a lo largo de dos horas de metraje, ya que en ningún momento se trata de que nos asomemos al interior de esa mente maravillosa, ya se sabe que las mates se nos atragantan a la mayoría.

La primera, entre el joven genio y su mentor, una relación que el primero tarde en percibir como afectuosa. En segundo lugar, entre el mentor y la mentalidad colonial y académica que se niega a aceptar al salvaje; aquí marca la película sus mejores tantos, pues los juegos de poder y de clase expresados a través de gestos y acentos son, desde siempre, una de las especialidades del cine británico. Si el lector tiene la fortuna de verla en versión original, comprobará que escuchar la voz de Jeremy Irons justifica el desplazamiento: me compraria un disco suyo leyendo la guía telefónica.

El genio fugaz e infeliz que recrea Dev Patel es más previsible, pero la película guarda su mejor baza en el compasivo personaje que borda ese pequeño gran actor que es Toby Jones.

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