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Crítica de «La última apuesta» (***): Carretera y tapete

Ben Mendelsohn y Ryan Reynolds parecen dispuestos a comerse el mundo, la actitud apropiada para afrontar una película de carretera y tapete

Día 13/05/2016 - 08.51h

No muy conocido fuera de la televisión, Ben Mendelsohn tiene la carita perfecta de fiel perro apaleado, de buen tipo dominado por el vicio del juego, descosido por las deudas y dependiente de la amabilidad del azar, mucho más esquiva que la de los desconocidos. Después de llegar al punto de ser capaz de robarse a sí mismo, un buen día conoce a Ryan Reynolds y su suerte cambia de pronto. Juntos parecen dispuestos a comerse el mundo, la actitud apropiada para afrontar una película de carretera y tapete. La rutina es la misma -jugárselo todo a la ruleta, a los dados, a un caballo o incluso a un perro-, pero las expectativas son nuevas.

Esta búsqueda de El Dorado, o del Perú, es un previsible camino de autodestrucción, un doloroso tropezón recurrente en la piedra del destino. Puede leerse como un relato triste, pero la música de la derrota tiene su encanto, al menos en la ficción.

El título real, por cierto, «Mississippi grind», ha sido traducido con la desgana habitual, aunque el castellano, tan rico pero encorsetado entre el mus y las siete y media, no siempre alcanza para explicar conceptos como el de gambler o grinder. El original sitúa la acción y da una idea más precisa de las bellas notas que suenan en esta mezcla de historias reales e inventadas, que termina con una recomendación genial, ya en los créditos: usar bótox para esconder las señales que nuestro rostro retransmite en la mesa de juego.

Dirección: Ana Boden, Ryan Fleck. Con: Ryan Reynolds, Ben Mendelsohn.

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