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Crítica de «El rey tuerto» (***): La espada resquebrajada

La trama es tan absorbente que pronto se olvida el cambio que lleva la idea a la pantalla grande, sobre todo por el buen tono de los actores

Día 20/05/2016 - 10.39h

Estamos ante la recreación cinematográfica de una obra de teatro realizada por el mismo director y protagonistas que se ha llevado al celuloide. Rodada pues en formato teatral, la trama es tan absorbente que pronto se olvida el cambio que lleva la idea a la pantalla grande, sobre todo por el buen tono de los actores, con especial atención a la formidable actuación de Alain Hernández, cuyo papel llena toda la pantalla.

La historia es breve pero compleja a la vez: dos amigas se reúnen a cenar tras mucho tiempo sin verse sin saber que el marido de una, un antidisturbios, dejó tuerto de un pelotazo de goma al marido de la otra. La reconversión del policía de un extremo a otro, ese paso casi imposible de la espada a la pluma que en realidad acaba siendo el paso a un florete, es lo que Crehuel trata de expresar unas veces con humor, otras con drama y en ocasiones con cierto miedo.

Hernández se lleva la mejor parte en ese papel de matón de discoteca que, por razones que se escapa a la lógica y sobre todo a los análisis psicológicos, logra entrar en la policía y de ahí, a los disturbios. Su retrato del musculitos sin cerebro intentando pasar al lado social es todo un reto y, en la imposibilidad del trasvase, Crehuel logra además un retrato social de incalculable valor.

Dirección: Marc Crehuet. Con: Alain Hernández, Miki Esparbé.

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