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Crítica de «Tres recuerdos de mi juventud» (**): La nostalgia pelma del primer amor

Crítica de «Tres recuerdos de mi juventud» (**): La nostalgia pelma del primer amor

Dedalus y Esther se dicen y se escriben cosas que sólo pueden tener sentido y lógica en su idioma original

Día 27/05/2016 - 11.22h

Arnaud Desplechin es un cineasta francés al que, si se le quiere dar importancia, se puede hacer con cierto argumento, pues tiene mundo, personaje y actor. Mathieu Amalric y Paul Dedalus son actor y personaje habituales de su mundo cinematográfico. Si todo eso tiene interés, ya es algo que debe dilucidar cada espectador. En este filme recoge a Paul Dedalus ya madurito (Amalric) y de vuelta a Francia, donde da cuenta de tres momentos de su pasado (aunque recuerde en tercera persona, que es voz muy del cine francés) de tres momentos clave de su vida: su infancia con su madre desquerida, su anécdota de espionaje juvenil en la Unión Soviética y su amor romántico y enloquecido por Esther, la joven inquebrantable a la que todo buen francés le suelta esos rollos amorosos que la pantalla convierte en idilio entre insoportable y poético que requiere una paciencia especial.

A Desplechin se le olvida al rato su comienzo policial del argumento y se enfrasca en la historia de amor entre Dedalus y Esther, que se dicen y se escriben cosas que sólo pueden tener sentido y lógica en su idioma original: «tómame», le dice ella, mientras él le habla de la doble concha del mejillón. Amalric está un poco como puesto ahí por el Ayuntamiento, y son los jóvenes Quentin Dolmaire y Lou Roy-Lecollinet los que cargan con el peso de sus pesados personajes.

Dirección: Arnaud Desplechin. Con: Mathieu Amalric, Lou Roy-Lecollinet.

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