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Crítica de «Francofonía» (***): Museo mausoleo

Crítica de «Francofonía» (***): Museo mausoleo

Alexander Sokurov tiene cierta propensión por los grandes temas: ha rodado ficciones y documentales sobre Hitler, Shostakovich, Yeltsin, Solzhenitsin, Tarkovski, Mozart?

Día 03/06/2016 - 09.14h

Alexander Sokurov tiene cierta propensión por los grandes temas: ha rodado ficciones y documentales sobre Hitler, Shostakovich, Yeltsin, Solzhenitsin, Tarkovski, Mozart? Incluso sus detractores -los que no se emocionan, digamos, ni con Madre e hijo- reconocen los méritos de El arca rusa, su título más famoso, en donde traza la historia de Rusia en un solo plano-secuencia digital que consume todo el metraje. Francofonia es un poco su secuela: en vez de rodar en el Ermitage, lo ha hecho en el Louvre.

Para Sokurov un museo es mucho más que un contenedor de objetos oficialmente artísticos; y esta película es mucho más que el recuento de un insólito suceso histórico en el que el conservador del museo y un oficial nazi colaboran para salvar su patrimonio artístico, por mucho que esto tenga de ejemplar (la película debería ser de visión obligada en las madrassas en donde recluta el Estado Islámico, que luego van por ahí rompiéndolo todo). ¿Qué es entonces? No es ficción, aunque tenga algo de recreación escenificada, con actores que encarnan al dúo protagonista; pero también sale Napoleón (que es de otra época) y Marianne (que es intemporal, pues es el espíritu de la República).

No es, sólo, un documental; aunque haga un excelente uso de material de archivo, sus elucubraciones van mucho más allá de lo meramente factual. Es, entonces, un ensayo, la forma fugitiva del pos-cine contemporáneo, un ensayo presidido por la voz del propio Sokurov que susurra sus reflexiones sobre la técnica del retrato, la museografía comparada y otro tipo de cuestiones que convierten esta inclasificable propuesta en una pieza llena de fascinación.

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