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Crítica de «Summer Camp» (**): Momento víctima, momento verdugo
Escena de «Summer Camp»

Crítica de «Summer Camp» (**): Momento víctima, momento verdugo

Casi todo lo escrito para el estreno de «Green Room» sirve también para esta primera película dirigida por Alberto Marini

Día 09/06/2016 - 16.14h

Casi todo lo escrito para el estreno de «Green Room» sirve también para «Summer Camp», primera película dirigida por Alberto Marini: se trata de unos cuantos personajes atrapados en un espacio y «algo» muy, muy amenazante que se empeña en matarlos del modo más brutal que se le ocurra al guionista. El lugar aislado es un campamento de verano el día antes de que aparezcan decenas de niños, y los «membrillos» a descuartizar son los cuatro jóvenes monitores americanos. La mejor idea que ha tenido el guionista y director es mostrar antipático al cuarteto, lo cual le permite al espectador ponerse de parte del «malo» de la historia, que es un virus salvaje que entra y sale del cuerpo de cualquier animal vivo con el que se cruce, incluidos personas americanas? El campamento de verano está situado en algún lugar del norte de España, pero, por los comentarios de los monitores «pijines» y por algún detalle de menosprecio hacia el entorno y los paisanos, parece que estuvieran en algún albañal perdido más allá del tercer mundo. Y hay un elemento interesante en una película de este género de terror sobre raíles, y es que la identidad del «villano» cambia según capricho de esa infección que produce un estallido de violencia asesina, con lo cual perseguidos y perseguidores son conceptos intercambiables, tal vez como una metáfora inesperada de esta época preelectoral en la que todos se persiguen y se buscan, se atizan y se tienden la mano. Los cuatro actores están especialmente bien para las costumbres del subgénero, pues han de situarse en los dos clichés, de buenos y de malos.

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