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Crítica de «Buscando a Dory» (***): Algo se encuentra (Hank el pulpo) y algo se pierde

Crítica de «Buscando a Dory» (***): Algo se encuentra (Hank el pulpo) y algo se pierde

El talento de Pixar es descomunal y consiste, entre otras cosas mucho más complejas, en no dejar un hueco sin rellenar

Día 22/06/2016 - 09.16h

El talento de Pixar es descomunal y consiste, entre otras cosas mucho más complejas, en no dejar un hueco sin rellenar: ahora cogen uno de los personajes estrella de la aventura de Nemo, a Dory, aquella pececilla que tenía pérdida de memoria a corto plazo, o sea, el llamado «mal del político» (la pérdida a medio y largo plazo también se llama «mal del político»), y la sitúan en el centro de la escena, en protagonista absoluta de la historia? Pero, ¿quién cubre el hueco que deja Dory en los alrededores del centro?, es decir, ¿quién es para Dory lo que Dory fue para Marlyn, el padre de Nemo que nadó el océano para encontrar a su hijo?... Pues el talento descomunal de Pixar ha descubierto a un pulpo llamado Hank, absolutamente maravilloso y gracioso, y tan eficaz en esta secuela que probablemente está destinado ya a protagonizar la continuación de estos «Buscando a?»

En «Buscando a Dory» el click del relato consiste en convertir en esencial su relación con la memoria, o sea, con su pasado, lo que le permite al guión el divertido juego de combinar e ir descubriendo poco a poco lo que Dory recuerda y olvida, las circunstancias en que se perdió de sus padres y la necesidad urgente de encontrarlos. La estructura narrativa sigue el mismo patrón, la búsqueda, las peripecias durante la búsqueda, el encuentro con los personajes más diversos y proponer una mezcla imbatible de momentos de tensión, de intriga y de jolgorio: es una película tan cargada de aventura como de emotividad, y procura establecer los mismos lazos morales y sentimentales que la anterior: con la familia, la amistad, la solidaridad entre especies y la defensa del ecosistema.

Visual y técnicamente, es irreprochable, y la recreación de ese mundo submarino y de ese universo del Instituto de Vida Marina de Monterrey, donde ocurre gran parte de la acción, mantiene el ojo entretenido y alimentado con muchos personajes insólitos dentro de sus clichés, como los leones marinos, la ballena Destiny, el cachalote Bailey o el pulpo Hank, ese prodigio del camuflaje que como se ha dicho tiene ya una película pendiente.

Y dicho todo lo cual, tal vez sea el momento de añadirle un pero (un pero a Pixar no es más que el intento de abollar un círculo): «Buscando a Dory», que ya es el mejor arranque en taquilla que ha tenido esta fábrica de obras maestras, está un peldaño por debajo de «Buscando a Nemo», pues le falta ese caudal de suspense que tenía la original en sus acciones paralelas (la búsqueda del padre y la estancia de Nemo en aquella pecera acompañado del pez Bruce Willis), y los terroríficos y desternillantes momentos de los tiburones o las medusas, aquí sólo compensados con la pulposidad de Hank. Nota final: conviene quedarse hasta que terminan los larguísimos títulos de crédito, pues tras ellos hay un guiño sorpresa.

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