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Crítica de «Demolición» (***): Manual de autodestrucción

Tan laberíntico es el filme que nada habría tenido sentido sin la interpretación, prodigiosa, de Jake Gyllenhaal

Día 01/07/2016 - 09.27h

Hay gente que tropieza y parece que se levanta, pero no se ha levantado, sigue en el suelo y no se da cuenta. Anda y vive mientras sigue en el firme, como si estuviese clavado al cemento. Ese andar sin darse cuenta es lo que se llama progresiva autodestrucción.

Básicamente esta es la clave de «Demolición», la última película de Jean-Marc Vallée, que alcanzó notoriedad con su premiada «Dallas Buyer Club». Vallée nunca ha sido un director fácil y aquí alcanza niveles aún más complejos. Dibuja una huida mental hacia delante de un hombre que ve morir a su mujer en un accidente de coche. Desde ese momento, la arquitectura cerebral que Vallée monta es notoria, pero muy difícil de seguir. Se intuye más que se palpa ese acelerado desmoronamiento.

Tan laberíntico es el filme que nada habría tenido sentido sin la interpretación, prodigiosa, de Jake Gyllenhaal. Estamos ante un actor de talla gigantesca. De familia cineasta, empezó a actuar a los diez años. Entiende el cine, lo ve venir, cose guiones deshilachados con facilidad pasmosa y mantiene un carisma inalterable. Célebre desde la impresionante «Brokeback mountain», Gyllenhaal alcanza aquí cotas superiores. Su actuación contenida consigue que el espectador vea por dentro su tormento. Es él el que da sentido a un filme complicado y difícil.

Dirección: Jean-Marc Vallée. Con: Jake Gyllenhaal, Naomi Watts.

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