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Crítica de «Esperando al rey» (***): Sin wifi en el desierto

Tom Hanks borda su trabajo y Tom Tykwer el suyo de adaptar la novela de Dave Eggers y entender todo el «lost in traslation» de ese tipo vulgar, agotado pero sonriente

Día 01/07/2016 - 09.26h

Tom Hanks es Alan Clay, y Alan Clay es la imagen del hombre vencido durante la crisis, con un penoso bulto de grasa en la espalda (metáfora también algo grasienta de su pasado y sus relaciones familiares) y con la última cerilla en los dedos: un viaje a Arabia Saudí para intentar venderle al Rey un sistema de teleconferencias por holograma a cambio de un contrato millonario, es decir el salvavidas del ahogado?

Tom Hanks borda su trabajo y Tom Tykwer el suyo de adaptar la novela de Dave Eggers y entender todo el «lost in traslation» de ese tipo vulgar, agotado pero sonriente ante esa mezcla de exotismo, paciencia, perplejidad, choque cultural, calorina y algo parecido al desprecio que rezuma ese lugar lejano en el que ni siquiera conocen a Lawrence de Arabia (su chiste de la bala de oro es un navajazo trapero a la interculturalidad).

Todo el catálogo de penurias del personaje y su misión contribuye en igual medida a hacer jocosa y amarga la película, de la cual es absoluto dueño Tom Hanks, con el perfecto contrapunto del sabor local (los viajes con el taxista y su música y cháchara) o de la posibilidad de que el futuro no esté ya a su espalda, como su bulto de grasa, sino enfrente (Sarita Choudhury, la actriz que sale en la película de Isabel Coixet «Aprendiendo a conducir»). Tykwer consigue traducir con sencillez la complejidad de un mundo, una época y una situación personal, y Tom Hanks que lo veamos no como pesadilla solamente, sino también como sueño.

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