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Crítica de «Mi amigo el gigante» (***): Spielberg, el mejor cuentacuentos

Crítica de «Mi amigo el gigante» (***): Spielberg, el mejor cuentacuentos

Los más críticos del director siempre consideran que su mejor película es otra, y la utilizan para golpearle con ella

Día 08/07/2016 - 11.06h

A Spielberg también le pasa un poco lo que a Woody Allen, que sus más críticos siempre consideran que su mejor película es otra, y la utilizan para golpearle con ella. El hecho de que «Mi amigo el gigante» comparta algunas circunstancias con «E.T.», como la guionista Melisa Mathison o que el cuento de Roal Dahl se publicara en 1982, cuando se estrenó «E.T.», o que trate de la amistad entre un niño y un tipo raro, sea gigante o alienígena, le ha valido a Spielberg el extravagante reproche de que no esté a la altura de sus circunstancias, como si ponerse a la altura de «E.T.» estuviera al alcance de cualquiera, incluido Spielberg. Lo cierto es que Spielberg no trata de superarse y buscar el más rápido, el más tecnológico o el más espectacular, sino que trata sencillamente de narrar a su modo. Gran arranque con el increíble encuentro entre la niña huérfana y el gigante, lleno de intriga y productor de un «miedo» nuevo para la infancia, un «miedo» como de cuento de antes, sin demasiados elementos propios de las prisas de ahora? La acción da tiempo, o sea, espera a los personajes y a los espectadores; y aunque su nivel tecnológico y digital es alto, ofrece impresión de manualidad, como de espíritu de viejo Disney. Tiene encanto, ensoñación e intriga en el rapto y viaje al mundo de los gigantes, y dosis razonables de thriller y terror en ese mundo de ogros hambrientos de niños, y mucha fantasía en el laboratorio de sueños y pesadillas, y mucho sentido del humor en el desayuno a lo Alicia con la Reina de Inglaterra (la actriz Penelope Wilton, que como ya es tradición también tiene un aire muy Buckingham Palace)? A pesar de tener todo esto, y la cara de buenazo de Mark Rylance, ha corrido la impresión de que este Spielberg está falto de intriga, encanto y emoción. Impresión tal vez producida por un error de lectura: hay que «leer» este cuento a la luz de la lumbre.

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