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Crítica de «Infierno azul» (***): La isla mínima y el tiburón máximo

Jaume Collet-Serra consigue una película inteligente, efectista pero controlada, un «thriller», un brutal duelo, un entretenido mal trago

Día 15/07/2016 - 08.39h

Hay que prevenir a los que metan ahora el traje de baño en la maleta y se consideren sensibles y quisquillosos con la fauna marina: el tiburón coprotagonista de esta película es un miura y puede desbaratar el inminente placer del agua salada un poquito más allá de la zona de los pises. Dicho lo cual, el director, Jaume Collet-Serra consigue aquí una película inteligente, efectista pero controlada, un «thriller», un brutal duelo, un entretenido mal trago, una espeluznante simbología del acoso a una mujer, en este caso «la rubia». Y hay que hablar de ella, de la protagonista, sin duda mucho más impresionante que el tiburón. Se llama Blake Lively y ha hecho varias películas, algunas buenísimas, como «The Town» (de Ben Affleck) o la próxima que estrenará Woody Allen, «Café Society». Gran acierto de Collet-Serra al no llamar en esta ocasión a Liam Neeson (habitual en su cine de músculo e intriga), porque en esa isleta mínima acechada por el primo del tiburón de Spielberg a quien hay que ver, con quien hay que «mojarse», es con Blake Lively, completamente acorralada por un tiburón (como lo estaría de moscones en la barra de Pachá).

El segundo gran acierto de Jaume Collet-Serra, tras la elección de Lively, es la elección narrativa de la primera secuencia: un niño recoge en la orilla de la playa un casco de surf con una cámara, y ve unas imágenes terribles del tiburón enseñándole las caries al surfero dueño del casco? De ese modo, en un tiempo que aún desconocemos si anterior o posterior a la escena inicial, cuando llega Blake Lively hasta la paradisíaca playa (conducida por el mexicano Óscar Jaenada, aún en su papel de Cantinflas), cuando se desviste, cuando la cámara del director se regodea en la calidad del tejido de su traje de baño y cuando embute todo ese material ibérico de bellota en el neopreno de surf, la mirada del espectador, por rijoso que sea, aún está en las imágenes que ha visto en la cámara del niño. Es decir, ya está haciendo la película que va a ver, y la ve, ya lo creo que la ve?.

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