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Crítica de «La correspondencia» (***): La luz de una estrella muerta

Son complicadas de conducir esas historias de amor más allá de la muerte, pero esta de Giuseppe Tornatore tiene la originalidad de situarse más en el plano de los avances tecnológicos

Día 21/07/2016 - 21.32h

Siempre son complicadas de conducir esas historias de amor más allá de la muerte, aunque esta de Giuseppe Tornatore tiene la originalidad de situarse más en el plano de los avances tecnológicos de la comunicación (el WhatsApp, la «nube»?) que en la espiritualidad o la ciencia ficción. Y tiene también Tornatore la precaución de encomendarle lo complicadito de ese romance angustioso a dos actores con mucha presencia, el impecable Jeremy Irons y la vistosísima Olga Kurylenko, que, puestos a amarse, no dejan la menor duda de que se aman con gran clase. Ellos, lo que hacen y lo que dicen, son esta película extremadamente sentimental, y que contiene una interesante analogía: el hecho de que sea la astrofísica el punto de unión entre una joven universitaria y su profesor, una eminencia en la materia, permite a ese romance mayúsculo y persistente compartir las características físicas de las estrellas, que nos siguen luciendo después de su «muerte». No quiere ser la habitual historia de amor entre fulano maduro y jovencita atraída por el peligro (aunque ella se gana la vida como doble de acción peligrosa en series televisivas), sino que se torna en una película de intriga, en la historia de su «correspondencia», los esfuerzos agónicos y románticos por seguir estando «juntos» a pesar de uno de ellos ya sólo puede emitir su presencia (luz) de un modo virtual.

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