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Crítica de «La leyenda de Tarzán» (***): La selva, Tarzán y Jane en lujoso

Un competente trabajo con una figura tan de casa como la de Tarzán, lo que no quiere decir que la logren situar en cualquiera de las dos estanterías apetecibles, la de las grandes taquillas o la de las grandes películas

Día 21/07/2016 - 21.30h

El equipo de guionistas y el director David Yates han realizado un competente trabajo con una figura tan de casa como la de Tarzán, lo cual no quiere decir que logren situar esta novísima y megadigital versión del mejor tenor de África en cualquiera de las dos estanterías apetecibles, la de las grandes taquillas o la de las grandes películas.

Aún sin esos premios, este Tarzán tiene personalidad, pues es el educado y digno Lord Greystoke, que trata con delicadeza y hasta con cierta modernidad a Lady Greystoke (la «Jane» de siempre, pero en el lujoso formato de Margot Robbie), y a la vez es también el ser humano primitivo y portentoso que da una voz en la selva y se hace un tiempo muerto, como en baloncesto.

La leyenda de Tarzán es lo que nos cuenta Yates en píldoras de falshback entrometidas en una aventura más del personaje, y parecida a otras (Tarzán tendrá que salvar a la selva y sus habitantes del sinvergüenza chulito blanco que va a esquilmarla)? O sea, la leyenda conocida, los padres, el accidente, la adaptación nada fácil a la supervivencia entre una familia disfuncional de gorilas, su encuentro con Jane, muy parecido al de Mawgly? En fin, ahí sin otras novedades que las de una narración con los encantos del recuerdo y los aún mayores de sus dos protagonistas, la mencionada Margot Robbie en el papel de «petit suisse» de crema y el actor Alexander Skarsgård, con uno de esos físicos que sirven de cartel en la puerta de los gimnasios para convencer a gorditos. En la otra parte que no es leyenda ni flashback, o sea, en la aventura, hay dos atractivos que, aunque sin el encanto de nuestros Tarzanes de siempre, merecen el dispendio de la entrada: un desenfreno digital que permite escenas imposibles, persecuciones en liana de vértigo, peleas tan brutales como la de DiCaprio con el oso?, y el atractivo del villano, Christoph Waltz, que se sabe el papel de corrido (lo ensayó para Tarantino) y que conoce los resortes para entretener y enfurruñar al espectador. Y falta el personaje de Samuel L. Jackson, puesto en la película también muy tarantinamente y sin la menor verosimilitud, pero funcional como una lamparita de mesa. Película muy fácil de ver, pero no tanto de amar.

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